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Encuentro

La justicia restaurativa otorga gran importancia a los encuentros entre víctima y ofensor. Este encuentro puede hacerse directamente en una reunión entre ambos (tal vez, también con otras personas) con la asistencia de un facilitador. Puede hacerse indirectamente mediante el intercambio de cartas, videos y mensajes entregados por un tercero.   

Los programas que posibilitan los encuentros (mediación entre víctima y ofensor, Reuniones de restauración, círculos, etcétera) tienen una fuerte  identificación con la justicia restaurativa. Historias de confesiones, perdón y reconciliación,  forzosamente,  nos recuerdan las heridas causadas por el delito y la necesidad de abordarlas. Sin embargo, el encuentro no es la única dimensión de la justicia restaurativa, y por cierto no es un elemento esencial de una respuesta restaurativa  (de lo contrario, no habría respuesta restaurativa cuando no es posible identificar a una de las partes o cuando ésta no desea/ puede reunirse con la otra).  

Un encuentro restaurativo consta de cinco elementos vinculados: reunión, narrativa, emoción, entendimiento y acuerdo. Cada uno de estos elementos contribuye al fortalecimiento del encuentro. Los encuentros que cuentan con los cinco elementos poseen más fuerza para ayudar a ambas partes a avanzar hacia la sanación.   

Reunión: En la mediación, Reuniones de restauración y los círculos, las víctimas se encuentran con sus propios ofensores. Con los paneles de impacto entre víctima y ofensor, las reuniones se realizan con representantes de la víctima y el ofensor. Si el encuentro se realiza mediante el intercambio de cartas, grabaciones o videos, o mediante comunicación indirecta, la "reunión"  no requiere la confrontación cara a cara. Sin embargo, lo que ocurre durante cualquiera de estos tipos de encuentro involucra directamente a la otra parte, a diferencia de lo que ocurre en los procesos judiciales, donde a lo sumo cada una de las partes sólo puede observar la declaración que la otra parte hace frente al juez o jurado.   

Narrativa
: En la reunión, las partes hablan una con otra; cuentan sus historias. En su narrativa describen lo que les ocurrió a ellos, cómo los ha afectado y cómo ven el delito y sus consecuencias. Esta es una narración más subjetiva que objetiva y, en consecuencia, posee integridad tanto para quien habla como para quien escucha.   

Emoción: La narrativa  permite a los participantes expresar y abordar sus emociones. El delito puede producir respuestas emocionales poderosas que obstruyen la más desapasionada búsqueda de la justicia a que los tribunales aspiran. Los programas de encuentro permiten que esas emociones sean expresadas. Esto puede tener un efecto sanador tanto para la víctima como para el delincuente. Todos los programas de encuentro previamente descriptos reconocen la importancia de la emoción al capacitar a los facilitadores, preparar a los participantes y establecer las reglas básicas. Como resultado, el delito y sus consecuencias son abordados no sólo racional, sino también emocionalmente.

Entendimiento: El uso del encuentro, la narrativa y la emoción conducen al entendimiento. Tal como David Moore ha afirmado, acerca del proceso de Reuniones de restauración, “En este contexto de emociones compartidas, víctima y delincuente logran una cierta empatía. Puede que esto no haga que la víctima posea sentimientos  particularmente positivos con respecto al delincuente, pero hace que este último se vea más normal, menos malévolo”. Del mismo modo, cuando el delincuente escucha la historia de la víctima, humaniza a ésta y,  además, puede cambiar su actitud con respecto a su conducta delictiva.   

Acuerdo: Al lograr el entendimiento, se sienta una base productiva que permitirá acordar qué ocurrirá a continuación. Los programas de encuentro buscan una resolución que satisfaga a las partes, en lugar de enfocarse en la importancia de la decisión para los futuros procesos legales (por el precedente que sienta). Por consiguiente, el encuentro abre la posibilidad de diseñar una resolución única reflejando las circunstancias de las partes. Aún más, las partes hacen esto  mediante un proceso de cooperación (en lugar de verse como adversarios) a través de una negociación que apunta a la convergencia de intereses de víctima y delincuente brindándoles la posibilidad de guiar el resultado.   

¿La combinación de estos elementos (encuentro, narrativa, emoción, entendimiento y acuerdo) produce la reconciliación? No necesariamente. Pero incrementan la capacidad de las partes de verse el uno al otro como personas, de respetarse, de identificarse con las experiencias del otro y de llegar a un acuerdo. En otras palabras, hay un movimiento hacia la reconciliación. Como  Claassen y Zehr han observado:  

Hostilidad y reconciliación deben ser vistas como polos opuestos en un continuo. Usualmente, el delito involucra sentimientos de hostilidad tanto para la víctima como  para el delincuente. Si no se satisfacen las necesidades de víctima y delincuente y no se aborda la relación entre ambos, es probable que la hostilidad continúe o empeore... sin embargo, si las necesidades de víctima y delincuente son abordadas, puede que la relación se mueva hacia el polo de la reconciliación (lo que es, en sí mismo, valioso).   



David Moore, “Evaluación de los procesos de Reuniones de restauración con Familias”,  editado por David Biles y Sandra McKillop, Planificación y Coordinación de la Justicia Penal: Procedimientos de una  Entrevista realizada del 19 al 21 de abril de 1993, en Canberra (1994), 222, en 213.  

Ron Claassen y Howard Zehr, Organización de un VORP: Cimientos en la Iglesia (Elkhart, IN: Comité Central Menonita de los Estados Unidos. Agencia de Justicia Penal, 1989), 5.  




Este artículo fue escrito a partir del  Capitulo 5: Reparaciones, del próximamente publicado  libro  Restoring Justice. (2da Edición, Cincinnati: Anderson Publishing), escrito por  Van Ness, Daniel y Karen Heetderks Strong. Utilizado con la autorización de Anderson Publishing Company. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de ese libro puede ser reproducida en ninguna forma ni por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo sistemas de almacenamiento y recuperación de información, sin  permiso escrito del editor.

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