Skip to content. | Skip to navigation

Personal tools

Navigation

Reuniones de restauración

Historia

Las Reuniones de restauración surgieron en 1989 con la aprobación de la Ley sobre Niños, Jóvenes y Sus Familias  en Nueva  Zelanda (Hassall, 1996 en 18-22). La Ley estableció un nuevo modo de tratar a los menores: en lugar de procesarlos a través de los tribunales, con la ayuda de la policía y servicios para la protección de los niños, la Ley otorgó el mayor poder de toma de decisiones a la familia del joven delincuente, a fin de que ésta decidiera, con el aporte de la víctima y otros grupos de apoyo de la comunidad, la sanción apropiada para el menor.

Las raíces de las Reuniones de restauración se encuentran en  las  reuniones whanau de los Maoríes, aborígenes de Nueva Zelanda. Con su fuerte familia extendida y relaciones de parentesco, los Maoríes habían empleado las reuniones whanau como un medio para abordar los problemas con sus jóvenes (McElrea, 1994 en 98). En realidad, la aprobación de la Ley surgió de la insatisfacción que sentían los Maoríes respecto del dominante  y tradicional sistema Occidental de justicia para con los menores que, cada vez más, los privaba de sus responsabilidades respecto de los mismos (Hassall, 1996 en 22).

Implementación

En Nuevo Gales del Sur, Australia, los programas de Reuniones de restauración han sido adaptados para su uso en planes policiales preventivos de la delincuencia juvenil (Moore y O'Connell, 1994 en 46-47). Al implementar la Ley de Niños (Children Act) de 1989, Inglaterra y Gales incorporan principios y programas de Reuniones de restauración en su plan de bienestar social/ infantil. En Canadá, los programas de Reuniones de restauración existen para la protección de los niños, casos de violencia familiar y delincuencia juvenil. Estos programas se han establecido en una serie de localidades en los Estados Unidos desde su introducción en 1995.

Descripción


Los programas de Reuniones de restauración son similares a los programas de mediación/ reconciliación entre víctima y delincuente, dado que involucran a la víctima y al delincuente en una conversación prolongada acerca del delito y sus consecuencias. Sin embargo, los programas de Reuniones de restauración también incluyen la participación de las familias, grupos comunitarios de apoyo, policía, asistentes sociales y abogados, además de la víctima y el delincuente (Stewart, 1996 en 66-73).

Stewart afirma que los programas de Reuniones de restauración involucran a estos grupos a fin de demostrar al delincuente juvenil que muchas personas se preocupan por él/ ella, y para despertar en el menor un sentido de responsabilidad respecto de su familia, círculo social y la sociedad (Stewart, 1996 en 67). Según McElrea, en esta "matriz relacional" todas las partes deben estar de acuerdo con respecto al plan de reparación, considerándolo una resolución justa, dado que esto aumenta el compromiso frente al mismo por encontrarse involucradas todas las partes interesadas (McElrea, 1994 en 99-101). Para Minor y Morrison, este consenso  comunitario acerca de la resolución, y la condena de una conducta inaceptable, dan como resultado una norma y la clarificación de los valores (Minor y Morrison, 1996  en 120-121). Para este programa es importante el reconocimiento del valor constructivo de la "vergüenza reintegrativa" (a diferencia de la vergüenza desintegrativa o estigmatización), por medio de la cual la comunidad denuncia la conducta del delincuente como inaceptable, pero afirma su compromiso hacia éste y expresa su activo deseo de reintegrarlo nuevamente a la sociedad (Moore, 1993 en 5).

Las Reuniones de restauración se utilizan sólo en aquellos casos en que el delincuente admite culpa (o, en algunas jurisdicciones, cuando el delincuente  admite responsabilidad o se rehusa a negar su culpa). No se las emplea a fin de determinar la culpabilidad, y el delincuente puede decidir detener el proceso en cualquier momento, y pasar a los tribunales para que su culpabilidad o inocencia sean determinadas de modo tradicional.

Elementos

El proceso de Reuniones de restauración consta de etapas separadas: preparación, encuentro y monitoreo posterior al mismo (Hudson, et al, 1996 en 10).

Durante la preparación, un facilitador capacitado recibe un informe de traspaso y se asesora con funcionarios del tribunal de menores a fin de familiarizarse con el caso. Esto brinda al facilitador la oportunidad de conocer a las partes e identificar y debatir las necesidades de quienes se encuentran involucrados y los propósitos del proceso de Reuniones de restauración.

Durante el encuentro, el delincuente comienza contando su versión de la historia; a continuación, la víctima hace lo mismo. Luego, ambos tienen la posibilidad de expresar sus sentimientos respecto de los eventos y circunstancias que rodearon al delito. A continuación, uno puede hacer preguntas al otro, que son seguidas por preguntas realizadas por las respectivas familias. Más tarde, el delincuente se reúne en privado con su familia a fin de conversar acerca de la reparación, y presentan luego una oferta a la víctima y los demás asistentes. Las negociaciones continúan en el grupo hasta generar un consenso. El acuerdo se hace por escrito, incluyendo cronogramas de pago/ monitoreo.

En la fase posterior a la entrevista, el facilitador monitorea  el cumplimiento del acuerdo y localiza, de ser necesario, recursos para el menor o su familia. En caso de que el acuerdo no pueda ser cumplido satisfactoriamente con la intervención del facilitador, el caso retorna a los tribunales  para acciones ulteriores.

Evaluación

Los programas de Reuniones de restauración muestran resultados prometedores en el sistema de justicia de menores, con índices de satisfacción de las víctimas de alrededor del 90%, acuerdos de restitución alcanzados en el 95% de los casos, y un 90% de cumplimiento de la restitución sin seguimiento policial. Estudios cualitativos sugieren que los programas de Reuniones de restauración pueden haber: ayudado a desarrollar en los delincuentes empatía con sus víctimas, despertado cambios en la conducta del delincuente y mejorado las relaciones entre las familias y la policía, además de fortalecer las redes de contención para los delincuentes (Van Ness y Strong, 1997 en 74).


Este documento ha sido preparado por Christopher Bright. Prison Fellowship International, 1997

Document Actions